Page 584 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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consciente de que ninguna perspectiva que me


              pudiera  brindar  su  ventana  podría  mostrarme



              nada  que  no  hubiera  visto  muchas  veces  a  lo


              largo  de  mis  cuatro  meses  de  estancia  en  la


              parroquia.  Además,  las  calles  de  nuestros


              suburbios  londinenses  no  suelen  ofrecer


              espectáculos  que  atraigan  a  los  aficionados  al


              paisajismo y al tipismo. Dudaba entre acceder al


              ruego de Glanville, o tomarlo en broma, cuando



              se  me  ocurrió  que  era  posible  que  el  piso  de


              altura de su ventana pudiera proporcionar una


              vista  lejana  de  la  catedral  de  St.  Paul.  En


              consecuencia, me acerqué a él y esperé que me


              señalara la vista que, presumiblemente, deseaba


              que admirase.


                Sus  rasgos  mostraban  todavía  la  extraña


              expresión que ya he comentado.



                —Ahora —dijo—, asómese y dígame lo que ve.


                Todavía perplejo, miré a través de la ventana y


              vi exactamente lo que esperaba ver: una terrace o


              hilera  de  edificios  diseñados  con  gusto,


              separados  de  la  vía  pública  por  un  parterre  o


              jardín  en  miniatura,  adornado  con  árboles  y


              arbustos. La calle que cruzaba a la derecha de la



              terrace  ofrecía  una  perspectiva  de  calles  y


                              [6]
              crescents   de  construcción  más  reciente  y  de

              cierta  elegancia.  Sin  embargo,  en  toda  aquella

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