Page 593 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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Arnold se introdujo cautelosa y gradualmente en


            la conversación, después de una o dos visitas



              —Bien,  señor,  le  estoy  muy  agradecido  y  no


            quiero negarme —y dijo que pensaba establecerse


            en el vecindario, pues le parecía tranquilo.


              —Mis mejores deseos, por supuesto. ¿Tranquilo


            Stoke  Newington?  Bueno,  lo  fue  una  vez;  pero


            ahora  no  lo  es  mucho.  Ahora  todo  es  orgullo,



            vestimenta y bullicio; y la gente que tenía dinero y


            se lo gastaba, hace tiempo que se ha ido.


              —¿Hubo  aquí  gente  acaudalada?  —preguntó


            Arnold cautelosamente, tanteando el terreno poco


            a poco.


              —La hubo, se lo aseguro. Mi padre solía llamarles


            hombres  solventes  o  ricos.  Estaba  el  señor


            Tredegar,  director  del  Banco  Tredegar,  que  se


            había  fusionado  con  el  City  and  National  hacía



            muchos  años,  más  cerca  de  cincuenta  que  de


            cuarenta,  supongo.  Era  un  perfecto  caballero  y


            cultivaba  piñas  tropicales.  Recuerdo  que  nos


            mandó una cuando mi esposa estuvo enferma un


            verano. Ahora no se pueden encontrar piñas como


            aquella.


              —Tiene  usted  razón,  señor  Reynolds,  toda  la



            razón. Suelo vender lo que llaman piñas, pero yo


            mismo no las tomaría. Sin aroma, ni sabor, duras y





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