Page 613 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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cuales habían sucumbido a las aguas pantanosas,
apareciendo sus troncos descoloridos, pelados y
cadavéricos, y sus ramas descortezadas.
—Un lugar inquietante —dije a Roberts.
—Estoy completamente de acuerdo con usted. Es
un lugar bastante inquietante. Me han contado en
la granja que no es prudente acercarse a él, pues
puede uno coger unas fiebres y no sé qué cosas
más. Y, efectivamente, si uno no desciende con
cuidado, vigilando sus propios pasos, fácilmente
puede encontrarse metido hasta el cuello en aquel
lodo negro.
Regresamos al jardín y a nuestro cenador, y poco
después tuve que volver a casa.
—¿Cuánto tiempo ha estado con Nichol? —me
preguntó Roberts cuando partíamos. Se lo dije y él
insistió en cenar conmigo el fin de semana.
—Enviaré por usted —dijo—. Le llevaré por un
atajo a través de los campos y verá usted cómo no
se extravía. Pato asado y guisantes —añadió con
fascinación—, y algo bueno para la digestión
después.
La siguiente vez que visité la granja hacía una
tarde excelente, pero, efectivamente, aquel
maravilloso verano nos hartamos de proclamar
tiempo excelente. Encontré a Roberts animado y
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