Page 74 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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—Completamente seguro. ¡Pobre Meyrick! Es
otro capítulo en la historia de esa mujer.
—¿Qué le parecen los dibujos?
—Son espantosos. Vuelva a guardar el libro,
Austin. Yo en su lugar lo quemaría; constituye un
peligro, incluso dentro de un cofre.
—Sí, son unos dibujos muy extraños. Pero me
pregunto qué relación pudo existir entre Meyrick
y la señora Herbert, o qué vínculo entre ella y estos
dibujos.
—¡Ah! ¿Quién podría decirlo? Es posible que el
asunto concluya aquí y que nunca sepamos nada
más. Pero, en mi opinión, esta Helen Vaughan, o
señora Herbert, es sólo el principio. Volverá a
Londres; cuente con ello, Austin, volverá y
entonces tendremos más noticias de ella. Y no creo
que sean noticias muy agradables.
VI. LOS SUICIDIOS
Lord Argentine gozaba de los favores de la mejor
sociedad londinense. A los veinte años había sido
un pobre diablo que, aun ostentando el apellido de
una ilustre familia, se había visto obligado a
ganarse el sustento lo mejor que podía, y ni el más
usurero de los prestamistas le habría dejado a
cuenta cincuenta libras en la esperanza de que
algún día cambiase su apellido por un título y su
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