Page 79 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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lamentablemente de forma muy parecida. Lord
Swanleigh fue encontrado una mañana en su
tocador, colgado de una percha sujeta a la pared, y
los señores Collier‐Stuart y Herries prefirieron
morir como lord Argentine. No había explicación
para ninguno de los casos, únicamente unos pocos
hechos sueltos: un individuo vivo por la tarde y un
cadáver con el rostro hinchado y morado por la
mañana. La policía, que se había visto obligada a
declararse impotente para explicar y acabar con los
sórdidos asesinatos de
Whitechapel , enmudeció ante los horribles
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suicidios de Piccadilly y Mayfair, pues ni siquiera
la ferocidad, que sirvió de explicación a los
crímenes del East End, era útil en el West.
Todos estos hombres, que habían decidido morir
de forma tan atormentada como vergonzosa, eran
ricos, prósperos y, según todas las apariencias,
amantes de la vida mundana; y ni la investigación
más perspicaz fue capaz de encontrar alguna
sombra o motivo oculto. Había pavor en el
ambiente y los hombres se escrutaban
mutuamente al encontrarse, preguntándose cada
uno si no sería el otro la quinta víctima de aquella
tragedia sin nombre. En vano buscaron los
periodistas en sus álbumes de recortes material
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