Page 87 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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—Sí, le vi con toda claridad; en realidad, sólo nos
separaban unos pocos metros.
—¡Por Dios!, ¿dónde le vio?
—No lejos de aquí. Le vi en Ashley Street. Salía de
una casa.
—¿Se fijó usted en esa casa?
—Sí. Era la casa de la señora Beaumont.
—¡Villiers!, piense bien lo que está diciendo; debe
de tratarse de un error. ¿Cómo podía estar
Crashaw en casa de la señora Beaumont a las dos
de la madrugada? Sin duda lo ha soñado usted,
Villiers; siempre ha sido bastante imaginativo.
—No lo he soñado; estaba completamente
despierto. Y aunque hubiera estado soñando,
como usted dice, lo que vi con toda seguridad me
habría despertado.
—¿Qué es lo que vio? ¿Notó algo raro en
Crashaw? No puedo creerlo; es imposible.
—Bueno, si quiere le contaré lo que vi, o, si lo
prefiere, lo que creí ver; así podrá juzgar por sí
mismo.
—Muy bien, Villiers.
Aunque de vez en cuando llegaba todavía algún
grito lejano, el ruido y el clamor de la calle se
habían desvanecido; y el monótono y pesado
silencio era como la calma que sigue a un
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