Page 82 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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está muy bien desde luego para el jurado de la
encuesta, mas todo el mundo sabe que es pura
necedad. La manía suicida no es como el
sarampión.
Austin se sumió en un melancólico silencio.
Villiers permaneció también callado, observando
a su amigo. Su rostro seguía mostrando una
expresión de indecisión, como si sopesase sus
pensamientos y las reflexiones que acudían a su
mente le impidieran hablar. En un intento por
sacudirse el recuerdo de aquellas tragedias, tan
inútilmente enrevesadas como el laberinto de
Dédalo, Austin empezó a hablar con voz
indiferente de los incidentes y aventuras más
agradables de la temporada londinense.
—Esa señora Beaumont de quien estuvimos
hablando —dijo— es el gran éxito de la temporada.
Ha tomado Londres al asalto. La conocí la otra
noche en Fulham’s; es una mujer realmente
notable.
—¿Le presentaron a la señora Beaumont?
—Sí; estaba rodeada por una verdadera corte.
Supongo que se la podría calificar de muy guapa,
si bien hay algo en su semblante que no me agrada.
Las facciones son exquisitas, mas su expresión es
extraña. Estuve mirándola todo el tiempo y, más
tarde, cuando regresaba a casa, tuve la curiosa
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