Page 128 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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No mucho después de la salida del sol, las tropas
ocuparon la plaza y llamaron a gritos a Meandro de
Atenas. Everard dejó el desayuno para salir y se encontró
frente a un semental gris levantando la vista hasta el
rostro oscuro y peludo de halcón de un capitán de la
guardia, conocida como los Inmortales. Los hombres
formaban un fondo de caballos inquietos, capas y plumas
al viento, metal tintineando y cuero gimiendo, con el sol
recién salido reluciendo sobre el metal pulido.
—Ha sido convocado por el quiliarca —dijo el oficial.
El título que había usado era realmente persa:
comandante de la guardia y gran visir del Imperio.
Everard permaneció quieto un momento, sopesando
la situación. Se le tensaron los músculos. No era una
invitación cordial. Pero no podía excusarse
argumentando una cita anterior.
—Escucho y obedezco —dijo—. Dejadme coger un
pequeño regalo de mi equipaje, como muestra del honor
que se me hace.
—El quiliarca dijo que debíais venir inmediatamente.
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