Page 129 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
P. 129

Aquí está el caballo.



                 Un  arquero  le  ofreció  las  manos  para  subir,  pero


           Everard se montó sobre la silla sin ayuda, un truco que

           valía la pena conocer en épocas anteriores a la invención

           de los estribos. El capitán asintió con brusquedad para

           indicar su aprobación, dio la vuelta a su montura y salió


           al  galope  de  la  plaza.  Recorrieron  una  amplia  avenida

           bordeada de esfinges y casas señoriales. El tráfico no era

           tan intenso como en las calles de los bazares, pero había

           suficientes  jinetes,  carruajes,  literas  y  peatones


           apartándose  apresuradamente.  Los  Inmortales  no  se

           detenían por ningún hombre. Atravesaron clamorosos las

           puertas de palacio abiertas para ellos. La gravilla saltaba


           bajo los cascos; destrozaron un prado en el que relucían

           las  fuentes  y  se  detuvieron  con  estruendo  frente  al  ala

           oeste.



                 El  palacio,  pintado  de  un  rojo  llamativo,  se  alzaba

           sobre  una  amplia  plataforma  junto  con  varios  edificios


           menores.  El  capitán  desmontó,  hizo  un  gesto  brusco  y

           subió las escaleras de mármol. Everard le siguió, rodeado

           de varios guerreros que habían sacado en su honor de las


           bolsas las hachas de guerra ligeras. El grupo se cruzó con

           esclavos  de  la  casa,  que  vestían  túnicas  y  turbantes  y

           tenían  el  rostro  abatido,  pasó  una  columnata  roja  y



                                                                                                         129
   124   125   126   127   128   129   130   131   132   133   134