Page 135 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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de la toga; el bastardo era valiente. Everard se giró para
enfrentarse a él, de forma que el quiliarca quedara entre
él y la guardia. El hacha y la espada chocaron. Everard
intentó acercarse… un cuerpo a cuerpo evitaría que los
persas le arrojasen sus armas, pero daban la vuelta para
atacarlo por la espalda. Judas, esto podría ser el final de
otro patrullero…
—¡Alto! ¡Postraos! ¡Viene el rey!
Lo gritaron tres veces. Los guardias se paralizaron,
mirando a la gigantesca persona de túnica escarlata que
permanecía en el umbral de la puerta y se arrojaron a la
alfombra. Harpagus dejó caer la espada. Everard a punto
estuvo de darle en la cabeza; luego, recordando, y oyendo
el paso apresurado de los guardias en el pasillo, dejó caer
su propia arma. Por un momento, él y el quiliarca
jadearon frente a frente.
—Así que… lo ha oído… y ha venido…
inmediatamente —jadeó Everard.
El medo se arqueó como un gato y siseó:
—¡Entonces, ten cuidado! Te estaré vigilando. Si
envenenas su mente habrá veneno para ti, o una daga…
—¡El rey! ¡El rey! —rugió el heraldo. Everard se unió
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