Page 158 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Más tarde, ese mismo día, se encontraba en las
colinas, donde los cedros se alzaban sobre riachuelos fríos
y furiosos y el camino lateral que había tomado se
convertía en un sendero lleno de baches. Aunque era muy
árido, en esa época Irán todavía tenía bosques como
aquél. El caballo pisaba cansado. Debería encontrar la
casa de algún pastor y pedir acomodo, simplemente para
dejar descansar al animal. Pero no, habría luna llena;
podría caminar si debía hacerlo y llegar al saltador antes
de la salida del sol. No creía que pudiese dormir.
Pero un lugar de hierba crecida y marchita y bayas
maduras parecía un buen sitio para descansar. Tenía
comida en las alforjas, un pellejo de vino y el estómago
vacío desde el amanecer. Viró la montura.
Entrevió algo. Muy lejos por el sendero, la luz del sol
se reflejaba en una nube de polvo. Se hacía más grande a
medida que la miraba. Varios jinetes, supuso, avanzando
muy rápido. ¿Mensajeros del rey? Pero ¿a esta zona?
Empezó a sentirse inquieto. Se puso el protector del casco,
el casco encima, se colgó el escudo del brazo y sacó la
espada corta de la vaina. Sin duda el grupo se limitaría a
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