Page 160 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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rey había hablado con el extraño como un igual en alguna

           lengua  extranjera  y  que  le  había  dejado  ir  al  norte.  Le


           llevaría al quiliarca un poco más encontrar una excusa

           para  abandonar  el  palacio,  buscar  a  sus  matones

           personales y darle caza. ¿Por qué? Porque «Ciro» había


           aparecido  en  su  momento  en  aquellas  tierras  altas,

           cabalgando  en  un  dispositivo  que  Harpagus  codiciaba.

           No era un tonto, y el medo seguramente nunca se había


           sentido  satisfecho  con  la  historia  que  Keith  le  había

           contado. Parecía razonable que algún día apareciera otro

           mago  del  país  natal  del  rey,  y  esta  vez  Harpagus  no

           dejaría escapar el aparato con tanta facilidad.



                 Everard no esperó más. Sólo estaban a un centenar de


           metros.  Podía  ver  relucir  los  ojos  del  quiliarca  bajo  las

           cejas  caídas.  Puso  al  galope  el  caballo,  sacándolo  del

           camino hacia el prado.



                 —¡Alto!  —gritó  tras  él  una  voz  que  recordaba—.

           ¡Alto, griego!




                 Everard no obtuvo de su montura más que un trote

           cansado. Los cedros proyectaban sombras alargadas.



                 —¡Alto  o  disparamos!…  ¡alto!…  ¡disparad!  ¡No  a

           matar! ¡A la montura!



                 En el borde del bosque, Everard bajó de la silla. Oyó

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