Page 159 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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pasar a su lado, pero…
Ahora podía ver que eran ocho hombres. Llevaban
buenos caballos y el que iba más atrás traía un montón de
monturas de refresco. Sin embargo los animales estaban
bastante agotados; el sudor corría a choros sobre los
flancos pardos y tenían las crines pegadas al cuello. Debía
de haber sido una larga galopada. Los jinetes iban
vestidos con los habituales pantalones completos, camisa,
botas, capa y sombrero alto sin alas: no eran cortesanos ni
soldados profesionales, pero tampoco bandidos. Estaban
armados con espadas, arcos y lazos.
De pronto Everard reconoció la barba gris del que iba
en cabeza. Fue como una explosión: ¡Harpagus!
Y por entre la confusión podía también ver, que
incluso para ser antiguos iraníes los que le seguían
parecían bastante duros.
—Oh, oh —dijo Everard medio en voz alta—. La
escuela ha terminado.
Se le conectó el cerebro. No había tiempo de tener
miedo, sólo de pensar. Harpagus no tenía otro motivo
evidente para correr por las colinas que la captura del
griego Meandro. Claro, en una corte llena de espías y
bocazas, Harpagus habría descubierto en una hora que el
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