Page 161 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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un zumbido furibundo y unos golpes. El caballo relinchó.
Everard miró atrás; la pobre bestia estaba de rodillas. ¡Por
Dios, alguien iba a pagar por eso! Pero él era un solo
hombre y ellos ocho. Corrió bajo los árboles. Una flecha
golpeó un tronco a su izquierda y se hundió en él.
Corrió, agachado, zigzagueando en la penumbra
perfumada. De vez en cuando una rama baja le golpeaba
la cara. Le hubiese venido bien más maleza, para intentar
alguna maniobra algonquina, pero al menos el suelo
blando era silencioso. Había perdido de vista a los persas.
Casi instintivamente habían intentado adelantarlo a
caballo. El sonido de golpes e insultos le indicó lo mal que
había funcionado la estrategia.
Llegarían a pie en un minuto. Inclinó la cabeza. Un
ligero susurró de agua… Se movió en su dirección, por
una cuesta llena de pedruscos. Sus perseguidores no eran
urbanitas indefensos, pensó. Estaba claro que alguno
sería montañero, con ojos para leer hasta el más mínimo
rastro de su paso. Tenía que ocultar el rastro; luego podría
ocultarse hasta que Harpagus tuviese que regresar a las
labores de la corte. Le dolía respirar. Detrás de él se oían
voces, una nota de decisión, pero no conseguía entender
lo que decían. Estaban demasiado lejos. Y la sangre le
resonaba con mucha fuerza en los oídos.
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