Page 170 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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—Lo haré —dijo Everard—. El rey permanecerá aquí.



                 —Está bien —suspiró Harpagus—. Creo que dices la


           verdad… no me atrevo a creer otra cosa… Entonces, ¿he

           expiado mi culpa? —dijo con débil voz ansiosa—. Por el

           asesinato que cometí por orden de mi viejo rey… al dejar

           un  niño  indefenso  sobre  una  montaña  y  verlo  morir…


           ¿estoy  perdonado,  compatriota  del  rey?  ¡Porque  fue  la

           muerte de ese príncipe… lo que llevó esta tierra tan cerca

           de su destrucción… pero encontré otro Ciro! ¡Nos salvé a

           todos! ¿He sido perdonado?




                 —Sí —dijo Everard, y se preguntó cuánta absolución

           tenía poder para dar.



                 Harpagus cerró los ojos.



                 —Entonces  déjame  —dijo,  como  el  eco  que  se

           desvanecía de una orden.



                 Everard lo colocó sobre la tierra y se alejó. Los dos

           persas se arrodillaron al lado de su amo para llevar a cabo


           ciertos  ritos.  El  tercer  hombre  regresó  a  sus  propias

           contemplaciones. Everard se sentó bajo un árbol, arrancó

           una tira de tela de su capa y se vendó las heridas. El corte


           de la pierna necesitaría atención. De alguna forma debía

           llegar al saltador. No sería divertido, pero lo conseguiría

           y entonces un doctor de la Patrulla le repararía en unas

                                                                                                         170
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