Page 165 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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en tobogán sobre la espalda.



                 El barro era resbaladizo. Everard hundió la parte baja


           del escudo en él y subió. Harpagus se movió con frialdad

           para  esperarlo.  Al  acercarse,  la  espada  del  viejo  noble

           silbó, atacando desde lo alto. Everard movió la cabeza y

           recibió el golpe con el casco, que resonó. El filo resbaló y


           le cortó el hombro derecho, pero no mucho. Sólo notó un

           pinchazo y luego estaba demasiado ocupado para sentir

           nada.



                 No  esperaba  ganar.  Pero  haría  que  lo  matasen  y


           pagarían por el privilegio.



                 Llegó a la hierba y levantó el escudo justo a tiempo

           para  protegerse  los  ojos.  Harpagus  buscó  las  rodillas.

           Everard lo apartó con la espada corta. El sable del medo

           silbó. Pero de cerca, un asiático ligeramente armado no


           tenía  ninguna  oportunidad  contra  un  hoplita,  como  la

           historia demostraría un par de generaciones más tarde.

           Por Dios —pensó Everard—, si tuviese una coraza y grebas,


           ¡quizá  pudiese  encargarme  de  los  cuatro!  Usaba  el  gran

           escudo con habilidad, poniéndolo frente a cada golpe y

           ataque, y siempre conseguía casi meterse bajo la espada

           larga de Harpagus y llegar al estómago.



                 El quiliarca sonrió tenso por entre las patillas grises



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