Page 166 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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trenzadas y se alejó. Ganaba tiempo, claro. Tuvo éxito.

           Los  otros  tres  hombres  subieron  la  ribera,  gritaron  y


           cargaron.  Fue  un  ataque  desordenado.  Grandes

           luchadores              individualmente,                    los       persas           nunca

           desarrollaron  la  disciplina  de  grupo  de  Europa,  con  lo


           que se derrotarían a sí mismos en Maratón y Gaugamela.

           Pero cuatro contra uno sin armadura era muy fácil.



                 Everard se puso de espaldas a un tronco. El primer

           hombre se acercó impaciente, con la espada golpeando el

           escudo griego. La espada de Everard salió disparada de


           detrás  del  oblongo  de  bronce.  Hubo  una  ligera  pero

           pesada  resistencia.  Conocía  la  sensación  de  otros  días,

           retiró la espada y se hizo rápidamente a un lado. El persa


           se sentó, derramando su vida. Se quejó una vez, vio que

           era hombre muerto y levantó el rostro hacia el cielo.



                 Sus compañeros ya estaban con Everard, uno a cada

           lado.  Las  ramas  bajas  hacían  que  el  lazo  fuese  inútil;

           tendrían  que  batallar.  El  patrullero  rechazó  la  hoja


           izquierda  con  el  escudo.  Eso  desprotegía  las  costillas,

           pero como sus oponentes tenían órdenes de no matarlo,

           podía permitírselo. El hombre de la derecha intentó dar a


           los tobillos de Everard. Everard saltó en el aire y la espada

           silbó bajo sus pies. El de la izquierda atacó, apuntando

           bajo. Everard sintió un impacto romo y vio el acero en la



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