Page 272 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
P. 272
Everard se alejó. Los hombres se movían en la
oscuridad, gritando. Oyó el golpe de los cascos cuando
uno de los guardias montados acudió a investigar.
Alguien cogió una tea de un fuego casi extinguido y la
agitó hasta que se encendió. Everard se echó al suelo.
Un guerrero pasó a su lado, sin verlo, entre los
arbustos. Everard se deslizó hacia una zona aún más
oscura.
Un grito detrás y una ristra de maldiciones le
indicaron que alguien había encontrado al Noyon.
Everard se puso en pie y comenzó a correr.
A los caballos les habían puesto maniotas y los habían
dejado sueltos, sin vigilancia, como era habitual.
Formaban una masa oscura sobre la pradera de un gris
blanquecino bajo el cielo lleno de estrellas relucientes.
Everard vio que uno de los vigilantes mongoles galopaba
hacia él. Una voz preguntó:
—¿Qué sucede?
Respondió con voz aguda:
—¡Ataque al campamento! —Sólo era para ganar
tiempo, para evitar que el jinete le reconociese y disparase
una flecha. Se agachó, dejándose ver sólo como una forma
272

