Page 273 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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baja y cubierta. El mongol se detuvo entre una nube de
polvo. Everard saltó.
Agarró las riendas del pony antes de ser reconocido.
Luego el guardián gritó y desenvainó una espada. Atacó
hacia abajo. Pero Everard estaba en el lado izquierdo. El
golpe desde arriba fue torpe, fácil de evitar. Everard atacó
a su vez y sintió la hoja penetrar en la carne. El caballo se
encabritó alarmado. El jinete cayó de la silla. Se giró y
atacó una vez más, aullando. Everard ya tenía un pie en
el estribo. El mongol se digirió hacia él, con la sangre
manando, más oscura que la noche, de una pierna herida.
Everard montó y golpeó la grupa del caballo con la
espada.
Se dirigió hacia la manada. Otro jinete intentó
interceptarlo. Everard se agachó. Una flecha pasó por
donde había estado. El pony robado cabeceó, luchando
contra el peso desconocido. Everard necesitaba un
minuto para controlarlo. El arquero podría haberle
alcanzado entonces, acercándose y luchando cuerpo a
cuerpo. Pero el hábito le envió al galope, disparando. En
la oscuridad falló. Antes de que pudiera volver, Everard
se había internado en la noche.
El patrullero cogió un lazo de la silla y penetró en la
asustadiza manada. Atrapó al animal más cercano, que lo
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