Page 271 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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intentar cogerla. Un guardia le golpeó en el estómago.
Cayó de espaldas. Los mongoles rieron, apoyándose el
uno en el otro. Un chiste tan bueno exigía otro trago.
Cuando Toktai cayó, sólo Everard se dio cuenta. El
Noyon pasó de estar con las piernas cruzadas a posición
tendida. El fuego alumbraba lo suficiente para que se
viera la tonta sonrisa de su cara. Everard se quedó
sentado completamente tenso.
El final de uno de los guardias vino pocos minutos
después. Se tambaleó, se puso a cuatro patas y empezó a
vomitar la cena. El otro se volvió, parpadeando,
buscando la espada.
—¿Qué passa? —gruñó—. ¿Qué has hecho? ¿Veneno?
Everard entró en acción.
Había saltado por encima del fuego y caído sobre
Toktai antes de que el último guardia comprendiese lo
que pasaba. El mongol avanzó, gritando. Everard
encontró la espada de Toktai. Salió reluciendo de la vaina
mientras se ponía en pie. El guerrero blandía su propia
hoja. A Everard no le gustaba la idea de matar a un
hombre casi indefenso. Se acercó, apartó el arma de un
movimiento y le golpeó con el puño. El mongol cayó de
rodillas, tuvo náuseas y se quedó dormido.
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