Page 342 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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Everard  asintió.  La  tensión  crecía  en  su  interior;  se

           notaba las palmas frías y húmedas.




                 —Primero debo decir un conjuro —contestó.



                 —Van,  voy  a  intentar  sacarte  de  aquí.  Quédate

           exactamente donde estás ahora, repito, exactamente. Te

           cogeré en vuelo. Si todo sale bien, eso sucederá un minuto

           después de que desaparezca con este camarada peludo.




                 El  venusiano  permaneció  sentado  con  el  rostro

           pétreo, pero una gotita de sudor le corría por la frente.



                 —Muy bien —dijo Everard en su tosco címbrico—.

           Monte en el asiento de atrás, Boierik, y haremos que este

           caballo mágico corra.



                 El  rubio  asintió  y  obedeció.  Mientras  Everard  se


           acomodaba  en  el  asiento  delantero  sintió  el  cañón

           tembloroso de una pistola en la espalda.



                 —Dile a Arkonsky que volveremos dentro de media

           hora  —le  dijo.  Aproximadamente  tenían  las  mismas


           unidades  de  tiempo,  legado  de  los  babilonios.  Cuando

           eso  estuvo  hecho,  Everard  dijo—:  Lo  primero  que

           haremos será aparecer sobre el océano y flotar.



                 —B‐b‐bien  —dijo  Boierik.  No  parecía  muy

           convencido.

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