Page 362 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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lo que hacía.



                 Tras él, Publio Cornelio Escipión y su hijo se liberaban


           peleando y se unían al ejército en retirada.



                 Everard corrió por entre el caos. Azuzó a su montura,

           pero se contentaba con perseguir. Cuando ya nadie los

           viese, un escúter bajaría y le facilitaría el trabajo.



                 La  misma  idea  debía  de  habérsele  ocurrido  al


           saqueador  del  tiempo.  Refrenó  su  montura  y  apuntó.

           Everard vio el fogonazo cegador y sintió en la mejilla el

           pinchazo de un fallo por un pelo. Ajustó su propia pistola

           a un rayo amplio y continuó la persecución, disparando.



                 Otro  disparo  dio  a  su  caballo  justo  en  el  pecho.  El


           animal  cayó  y  Everard  saltó  de  la  silla.  Los  reflejos

           entrenados amortiguaron la caída. Saltó en pie y corrió

           hacia el enemigo, sin tiempo para buscar el aturdidor, que


           había  desaparecido,  caído  en  el  barro.  No  importaba,

           podía recuperarlo más tarde, si sobrevivía. El rayo ancho

           había dado en el blanco, aunque no era lo suficientemente

           potente  como  para  derribar  a  un  hombre,  pero  el


           neldoriano  había  dejado  caer  el  rayo  y  el  caballo  se

           tambaleaba con los ojos cerrados.



                 La lluvia golpeaba el rostro de Everard. Se acercó a la

           bestia.  El  neldoriano  saltó  a  tierra  y  sacó  una  espada.

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