Page 367 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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muy remotas: filisteas, asirias, aqueas o aún más extrañas;
el comercio de todo el mundo conocido fluía hacia y
desde Tiro.
—Bien, Eborix —dijo el capitán Mago con alegría—,
aquí tienes a la reina del mar, tal y como te dije que era,
¿eh? ¿Qué opinas de mi ciudad?
Se encontraba a proa con su pasajero, justo tras un
adorno en forma de cola de pescado que se doblaba hacia
arriba y hacia su compañero en la popa. Atado al
mascarón y a los raíles de enrejado que corrían a ambos
lados había una tinaja de arcilla tan grande como él
mismo. El aceite seguía en su interior; no habían tenido
necesidad de calmar ninguna ola, ya que el viaje desde
Sicilia había sido cómodo.
Everard miró al capitán. Mago era un fenicio típico:
esbelto, moreno, nariz aguileña, grandes ojos algo caídos,
mejillas altas, barba cuidada; vestía un caftán rojo y
amarillo, un sombrero cónico y sandalias. El patrullero
era más alto que él. Como hubiese estado en evidencia
con cualquier disfraz, Everard había asumido el papel de
un celta de la Europa central, con calzones, túnica, espada
de bronce y gran bigote.
—Una gran vista, cierto, cierto —respondió con una
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