Page 372 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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tan codicioso como cualquier otro mercader aventurero,

           y que tenía la esperanza de estafarle.




                 El capitán lo estudió un momento. A Everard se le

           consideraba alto en su propia época, lo que lo convertía

           aquí  en  un  gigante.  Una  nariz  rota  entre  los  rasgos

           marcados contribuía a su aspecto de dureza, mientras que


           los  ojos  azules  y  el  pelo  castaño  oscuro  recordaban  el

           norte salvaje. Era mejor no atosigar demasiado a Eborix.



                 Al  mismo  tiempo,  su  disfraz  celta  no  era  una  gran

           sorpresa en aquel lugar cosmopolita. No sólo llegaban allí


           ámbar del litoral báltico, estaño de Iberia, condimentos de

           Arabia, madera de África, ocasionalmente productos de

           aún más lejos: los hombres también lo hacían.



                 Al comprar pasaje, Eborix dijo que debía abandonar

           su montañosa tierra natal por una disputa perdida, para


           buscar  fortuna  en  el  sur.  Vagando,  había  cazado  y

           trabajado por su sustento, cuando no recibía hospitalidad

           a  cambio  de  su  historia.  Había  ido  a  parar  entre  los


           umbríos  de  Italia,  que  se  parecían  a  él  (los  celtas  no

           comenzarían a controlar Europa, hasta el Atlántico, hasta

           pasados tres siglos, cuando se hubiesen familiarizado con

           el hierro; pero ya en esa época algunos se habían hecho


           con territorios lejos del valle del Danubio, la cuna de su

           raza). Uno de ellos, que había servido como mercenario,

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