Page 467 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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disculpándose y alabándole a cada paso— y se lo llevó a

           darse un baño caliente. El jabón era cosa del futuro, pero


           una esponja  y una  piedra  pómez le  rasparon la piel,  y

           luego el sirviente le dio una friega con aceite aromático y

           un buen afeitado. Después  se  unió a los oficiales de la


           guardia,  para  un  rápido  desayuno  y  una  conversación

           vivaz.



                 —Hoy  tengo  permiso  —propuso  uno  de  los

           hombres—. ¿Qué te parece ir a Usu, amigo Eborix? Te

           mostraré la ciudad. Más tarde, si queda luz, podremos ir


           fuera de las murallas. —Everard no estaba seguro si eso

           sería a lomos de burros, o con mayor rapidez pero menos

           comodidad en un carro de batalla. En ese momento, los


           caballos eran casi siempre animales militares, demasiado

           valiosos para todo aquello que no fuese el combate y la

           pompa.



                 —Muchas  gracias  —contestó  el  patrullero—.  Pero

           primero necesito ver a una mujer llamada Sarai. Trabaja


           como camarera.



                 Se levantaron algunos ceños.



                 —Qué  —se  mofó  un  soldado—,  ¿los  del  norte

           prefieren a una camarera mugrienta que el presente del

           rey?



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