Page 587 - La Patrulla Del Tiempo - Poul Anderson
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                 Salté a Nueva York en los años treinta del siglo XIX


           porque  conocía  la  base  y  a  su  personal.  El  joven  de

           guardia insistió en las reglas, pero a él podía dominarlo.

           Realizó una llamada de emergencia pidiendo un médico

           de alto nivel. Resultó ser Kwei‐fei Mendoza la que tuvo


           la  oportunidad  de  responder,  aunque  nunca  nos

           habíamos visto. No hizo más preguntas de las necesarias

           antes de unirse a mí en mi saltador y partir para el país


           de los godos. Más tarde, sin embargo, quiso que fuésemos

           los dos a su hospital, en la luna del siglo XXIV. No estaba

           en condiciones de protestar.



                 Me hizo tomar un baño caliente e irme a la cama. Una

           casco electrónico me ofreció muchas horas de sueño.




                 A su momento recibí ropa limpia, algo que comer (no

           vi qué), e instrucciones para llegar a su oficina. Tras una

           enorme mesa, me indicó que me sentase. Durante un par

           de minutos no hablamos.



                 Huyendo de la suya, mi mirada se movía por todas


           partes.  La  gravedad  artificial  que  mantenía  mi  peso

           normal no hacía nada para que me sintiese en casa. No es

           que, a su modo, no fuese hermoso. El aire tenía un ligero

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