Page 127 - Un caso de conciencia -James Blish
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pelo. ‐ Hizo una pausa, jadeante, y clavó la mirada en


             el físico ‐. Por un pelo, Paul. Eso es todo. No lo olvides.

               Michelis  permaneció  de  pie  unos  instantes  más.


             Luego,  encogiéndose  de  hombros,  volvió  a  su

             almohadón,  se  sentó  y  sujetó  desgarbadamente  las

             rodillas con las manos.
               -  He hecho cuanto he podido, Ramón ‐ dijo ‐; pero
                 al parecer estamos en tablas.

             Veamos qué puedes hacer tú.

               Ruiz‐Sánchez aspiró con fuerza. Era indudable que lo


             que s disponía a decir le dañaría por el resto de su vida,

             por más que dijeran que el tiempo cicatriza todas las


             heridas. La decisión le había costado ya muchas horas

             de lacerantes y atormentadas dudas; pero lo estimaba

             necesario.


               - Estoy en desacuerdo con todos vosotros menos con

             Cleaver. Creo, como él, que en el informe sobre Litina


             ha de figura la mención «totalmente desaconsejable»;

             pero  también  pienso  que  habría  que  otorgarle  una

             calificación especial: la de X‐Uno.


               Los  ojos  de  Michelis  reflejaban  la  perplejidad  que

             sentía. Hasta Cleaver parecía no dar crédito a lo que

             acababa de oír.


               -  Pero X‐Uno es símbolo de cuarentena ‐ dijo Michelis

             con voz ahogada ‐. En realidad...

               -  Si, Mike, tienes razón ‐ cortó Ruiz‐Sánchez ‐. Voto


             par  que  Litina  sea  aislada  y  marginada  de  todo



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