Page 132 - Un caso de conciencia -James Blish
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pitido, Ruiz‐Sánchez, dejándose llevar de un súbito
pensamiento, dijo:
- Mike, detén el chisme un momento y deja que te
haga una pregunta. ¿Qué piensas de lo que he venido
diciendo?
- Bueno, lo que ya indiqué antes ‐ respondió Michelis
pausadamente ‐; que estamos ante una ciencia social de
un orden muy superior al nuestro, asentada a todas
luces en un régimen psicogenético muy preciso. Me
parece que es suficiente, ¿no?
- Conforme; prosigo entonces. Al principio opiné lo
que tú, pero luego empecé a plantearme algunas
cuestiones conexas. Por ejemplo: ¿cómo explicar que
entre los litinos no sólo no haya invertidos sexuales
(imagínate: ¡no tienen invertidos en su especie!) sino
que el código por el que se rigen y que tanto simplifica
la convivencia sea, punto por punto, el que nosotros
pugnamos por instaurar? Y si ello ha sido así, se debe
a la más inusitada de las coincidencias. Considera, si
no, los imponderables que intervienen. Ni siquiera en
la Tierra hemos conocido una sociedad que
desarrollara de forma independiente exactamente las
mismas normas que los preceptos cristianos, y
entiendo por tales las tablas de Moisés. Sí, ya sé que
hubo algunas interpretaciones doctrinales paralelas,
las suficientes para estimular la proclividad del siglo
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