Page 156 - Un caso de conciencia -James Blish
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parecían tardos.


               - Le deseo un buen viaje sea cual fuere su punto de

             destino ‐ dijo el litino ‐. También deseo que su camino


             le devuelva a usted algún día a nuestro planeta. Le he

             traído el regalo que tenía intención de darle, si es que

             el momento le parece apropiado.


               Cleaver se había enderezado y miraba al reptiloide

             con suspicacia. Puesto que no comprendía el idioma le

             resultaba imposible oponer reparos. En consecuencia,


             se limitó a permanecer inmóvil en actitud abiertamente

             hostil.

               - Gracias ‐  dijo  Ruiz‐Sánchez.  Una  vez  más  aquella


             criatura  de  Satán  le  hacía  sentirse  conturbado,

             poniéndole  dolorosamente  en  evidencia  la  herética


             postura que ahora sustentaba. Y, sin embargo, ¿cómo

             podía Chtexa saber...?

               El  litino  le  tendía  una  pequeña  ánfora  precintada


             provista de dos asas de suaves curvas. Bajo el barniz

             refulgente de la porcelana de que estaba hecha la jarra


             latía  aún  el  calor  del  horno  de  cocción.  Era  una

             superficie  iridiscente,  con  abundantes  festones  y

             penachos  multicolores.  La  pieza  hubiera  hecho


             sonrojar y abandonar el oficio a cualquier ceramista de

             la antigua Grecia. Tan hermosa era la vasija que uno no

             acababa de ver  qué uso podía darle. Desde luego no


             como candil ni para guardar en ella los sobrantes de



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