Page 161 - Un caso de conciencia -James Blish
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En ninguno de sus genes figuraba impreso el nombre
de ella, pero sabia ‐no por el cerebro, puesto que no lo
tenía, sino por percepción instintiva, por pura reacción
química‐ de quién era hijo, a qué raza pertenecía y cuál
era su verdadero entorno: no aquel en que se
encontraba.
Y así inició su desarrollo, flotando sin rumbo,
tratando de adherirse a la fría «bolsa» de loza que
siempre le rechazaba. Al entrar en los movimientos de
gastrulación, el reflejo de adherencia perdió fuerza y se
vio libre de él. A la sazón se limitaba a flotar sin saber
más de lo que ya sabía desde el principio: que era de
raza litina, del sexo masculino, que se llamaba
Egtverchi, que su padre era Chtexa, que se hallaba en
el umbral de la vida y que el mundo en que iba a
evolucionar era tan inhóspito y tan lóbrego como
correspondía al interior de un ánfora.
A continuación se formó su notocordio y las células
nerviosas se acumularon formando un nudo diminuto
en uno de sus extremos. Ahora tenía una parte
delantera y otra trasera, una dirección de marcha y,
también, una cabeza, pues en la presente fase
pertenecía ya a la clase de los peces, si bien era sólo una
hueva ‐ni siquiera un pececillo‐ que daba vueltas y más
vueltas en el frío entorno marino.
Era el suyo un mar sin flujos y sin luz, pero con algún
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