Page 160 - Un caso de conciencia -James Blish
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LIBRO SEGUNDO 10





               Al  principio,  Egtverchi  flotaba  en  el  frío  útero  de

             contornos extrañamente regulares sin conocer más que


             su nombre, que había heredado y que llevaba marcado,

             en forma de cadena helicoidal de ADN, en uno de sus

             genes. En la parte superior del mismo cromosoma ‐el


             cromosoma  X‐  otro  gen  contenía  el  nombre  de  su

             padre: Chtexa. Y eso era todo. En el momento mismo

             en que comenzó a vivir por sí solo como zigoto, o sea,


             como óvulo fecundado, quedaron escritos en letras de

             cromatina  su  nombre:  Egtverchi;  raza:  litina;  sexo:


             varón, y su linaje, que se remontaba ininterrumpido a

             través de los siglos litinos hasta el momento en que la

             vida  hizo  su  aparición  en  el  planeta.  No  necesitaba


             entenderlo; era consustancial a su especie.

               Sin  embargo,  en  aquella  matriz  demasiado  regular


             hacía frío y estaba oscuro. Diminuto como un grano de

             polen, Egtverchi flotaba a la deriva en el fluido que le

             servía  de  alimento,  comprimido  entre  las  paredes


             extrañamente  vidriadas  y  suavemente  curvas  del

             recipiente, sin conciencia todavía, pero advertido ‐de

             forma constante por una serie de procesos químicos‐


             que no se hallaba en la bolsa abdominal de su madre.



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