Page 167 - Un caso de conciencia -James Blish
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de Litina se zambulló veloz en la oscuridad, a la caza
de los casi microscópicos crustáceos. «El apetito es un
barómetro universal de buena salud», se dijo el
sacerdote.
- Mira cómo se desliza ‐ dijo una voz amable junto a
su hombro.
El biólogo alzó la vista, sonriente. Quien así hablaba
era Liu Meid, directora del laboratorio de las Naciones
Unidas, cuya principal misión durante varios meses
sería cuidar de la criatura. Era una muchacha de
cabellera negra, con una expresión de casi infantil
sosiego en el rostro. Miró con ansia el ánfora, en espera
de que reapareciera el imago.
- Espero que le siente bien ‐ manifestó la joven.
- Confío en que así sea ‐ dijo Ruiz‐Sánchez ‐.
Ciertamente, estos crustáceos son seres terrestres, pero
el metabolismo de los litinos presenta una extraña
analogía con el nuestro. Hasta el pigmento de la sangre
es semejante a la hemoglobina, si bien la base metálica
no es por supuesto el hierro. El plancton litino contiene
variedades muy similares a la pulga de agua y a los
Cyclops. Y si ha sobrevivido al viaje me atrevería a
decir que los cuidados que en adelante le
prodiguemos, aunque fueran excesivos, no le
provocarán la muerte.
- ¿El viaje? ‐ repitió Liu, pausadamente ‐. ¿De qué
forma hubiera podido perjudicarle?
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