Page 173 - Un caso de conciencia -James Blish
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y un recato que en modo alguno resultaban fríos o
compulsivos. Sus respuestas a cuanto le salía al paso
eran tan espontáneas y tan simples como las de un
conejillo. En las relaciones con sus colegas actuaba sin
sombra de recelo, no porque fuera ingenua, sino por la
seguridad que tenía de que en lo sustancial Liu era tan
infrangible como para impedir que alguien sintiera
deseos de violar esta íntima forma de ser.
Estas fueron las divagaciones que en un primer
momento acudieron a la mente de Ruiz‐Sánchez; pero
casi en seguida se vio asaltado por un pensamiento
extemporáneo. Del mismo modo que nadie tomaría a
Liu por neoyorquina (ni siquiera su parla traslucía el
acento de alguno de los ocho dialectos ‐mutuamente
más incomprensibles de día en día‐ que se hablaban en
la ciudad, y, sobre todo, nadie hubiera podido suponer
que sus padres sólo hablaban el Bronx), tampoco nadie
la hubiera identificado con un técnico de laboratorio.
Era una línea discursiva que no complacía
particularmente a Ruiz‐Sánchez, pero que por ser
demasiado evidente no podía eludir sin más. Liu era
tan menuda y tan hondamente núbil como una geisha.
Vestía con exquisita compostura; no con un recato que
intenta ocultar algo sino con una discreción fruto de la
sencillez, del deseo de exhibir un atuendo
intensamente femenil que no tiene de qué
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