Page 174 - Un caso de conciencia -James Blish
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avergonzarse ni tampoco nada que pregonar de forma


             llamativa. La delicada figura de la joven se le antojaba

             a  Ruiz‐Sánchez  una  Venus  Calípiga  de  tarda  y


             soñolienta  sonrisa  inexplicablemente  inconsciente  de

             que ella ‐y menos aún los demás‐ debía por exigencia

             de la naturaleza y del mito adorar permanentemente la


             curva perfecta de sus espaldas sembradas de hoyuelos.

               Pero  basta  ya;  era  más  que  suficiente.  Bastantes

             problemas presentaba el pececillo que andaba a la caza


             de crustáceos en el útero de cerámica, problemas que

             algunos pasarían a serlo también de Liu. No había por

             qué  complicar  la  tarea  de  la  chica  con  vanas


             disgresiones, aunque sólo fueran expresadas con una

             larga  y  escrutadora  mirada.  Ruiz‐Sánchez  tenía


             suficiente confianza en su capacidad para no apartarse

             de la senda que le había sido marcada; pero de nada

             serviría  abrumar  a  tan  circunspecta  y  dulce  criatura


             con  una  sospecha  que  su  formación  no  la  había

             preparado para afrontar


               Giró  rápidamente  sobre  sus  talones  y  se  acercó  al

             muro  acristalado  del  lado  oeste  del  laboratorio,  que

             dominaba  la  ciudad  desde  una  altura  de  treinta  y


             cuatro pisos; nada excesivo, pero más que suficiente

             para  el  biólogo.  Después  de  su  larga  estancia  en  las

             sosegadas calles de Xoredeshch Sfath, ahora la ruidosa


             Nueva  York  de  diecinueve  millones  de  almas,



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