Page 190 - Un caso de conciencia -James Blish
P. 190

insuficiente para arrancarle de su amodorramiento. La


             nueva  mutación  hizo  de  él  un  ser  espigado,  que  se

             sostenía inseguro sobre las patas, y sin capacidad para


             percibir las distancias, pese al inusitado tamaño de la

             cabeza. Alguien cuidó entonces de que le trasladaran a

             un terrarium.


               Una  vez  allí,  las  hormonas  de  su  verdadera

             adolescencia despertaron al fin y empezaron a fluir en

             abundancia  en  su  sangre.  En  los  cromosomas  de  su


             cuerpo  habían  sido  escritas  de  forma  categórica  las

             respuestas  que  reclamaba  un  mundo  como  el  de

             aquella pequeña jungla. Muy pronto se sintió en ella


             casi  como  en  su  propia  casa.  Erraba  por  entre  la

             vegetación del terrarium apoyándose en sus inseguras


             zancas y experimentando cierto alborozo, en busca de

             algo de lo que huir, algo con lo que pugnar, algo que

             comer o aprender. Y sin embargo, después de un largo


             paseo,  ni  siquiera  hallaba  un  lugar  para  dormir,

             porque  tampoco  en  el  terrarium  existía  la  noche


             cerrada.

               Fue,  también,  allí  donde  por  vez  primera  cobró

             conciencia de las diferencias entre él y las criaturas que


             le contemplaban y que algunas veces le mortificaban.

             Había dos, sobre todo, a los que veía incesantemente

             unas veces juntas y otras separadamente. Siempre le


             estaban  incordiando...  Aunque,  a  decir  verdad,  en



                                                                                                        190
   185   186   187   188   189   190   191   192   193   194   195