Page 192 - Un caso de conciencia -James Blish
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futura condición.


               Y  así,  cuando  despertó,  el  mundo  se  había

             transformado. Las múltiples aberturas que van desde


             la percepción instintiva a la vida consciente se habían

             ocluido. De repente, el mundo se le aparecía como un

             ente abstracto: había realizado el tránsito del mundo


             animal al del autómata, el mismo que en el 4004 antes

             de Cristo llevó la desgracia al este del Edén.

               No era un hombre, pero no por ello dejaría de pagar


             tributo.  Desde  aquel  instante  nadie ‐y  el  propio

             Egtverchi  el  primero‐  llegaría  a  descifrar  qué

             experimentaba en su ser animal.




               -  Pero,  ¿en  qué  está  pensando? ‐  dijo  Liu,  confusa,


             mirando  fijamente  el  enorme  y  grave  semblante  del

             litino, que se inclinaba sobre ellos desde el otro lado de

             la puerta de pirocerámica traslúcida. Por supuesto que


             Egtverchi ‐la criatura les había dicho su nombre en fase

             muy temprana‐ podía oír a la muchacha, a pesar del


             tabique  que  dividía  en  dos  el  laboratorio,  pero  no

             despegó los labios. Hasta el momento era un ser muy

             poco comunicativo, aunque voraz lector.


               Ruiz‐Sánchez  tardó  algún  tiempo  en  responder.  El

             joven  litino,  de  casi  tres  metros,  le  intimidaba  y

             confundía  casi  tanto  como  a  la  propia  Liu;  y  por


             mejores razones. Miró de soslayo a Michelis.



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