Page 189 - Un caso de conciencia -James Blish
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órgano,  debilitaba  en  cambio  los  músculos  de  sus

             miembros.  Al  término  de  su  fase  como  anfibio,


             momento  en  que  Egtverchi  se  convertiría  en  un  ser

             pulmonado  que  respira  normalmente  y  progresa  a

             saltos, brincaría de forma defectuosa.


               En  cierto  modo  también  esta  carencia  había  sido

             subsanada, porque en esta su niñez nada le constreñía


             a huir a saltos, despavorido, ni había en su mundo un

             lugar  al  que  un  corto  salto  pudiera  trasladarle.  Por

             pequeño que fuera el brinco acababa invariablemente


             en un invisible topetón y en una deslizante caída para

             cuyo fin, por benévola que resultara siempre, ningún

             instinto  le  había  preparado  y  que  ningún  reflejo  de


             aprendizaje  le  permitía  afrontar  para  recuperarse  de

             manera airosa. Además, un animal con la cola siempre

             torcida difícilmente puede tener, pese a sus instintos,


             un aire agraciado.

               Finalmente olvidó por completo los saltos y se limitó


             a  esperar  acurrucado  a  que  sobreviniera  la  próxima

             mutación,  volviendo  la  vista  aturdido  hacia  las

             múltiples  cabezas  que  formando  círculo  se  movían


             encima  de  él  siempre  que  despertaba  de  su  letargo.

             Para cuando cayó en la cuenta de que los mirones eran

             también  criaturas  vivas,  aunque  de  mucho  mayor


             tamaño,  tenía  los  instintos  tan  abotargados  que  no

             experimentaba  otra  cosa  que  una  vaga  alarma



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