Page 191 - Un caso de conciencia -James Blish
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ocasiones aquellos seres de afilados aguijones y toscas
manos le daban de comer cosas que nunca había
probado, o le hacían objeto de otros cuidados que le
complacían tanto como le irritaban. No acababa de
entender aquella relación, y eso le daba mala espina.
Pasado algún tiempo terminó por ocultarse de todos
los mirones menos de aquellos dos, y muchas veces
hasta de ellos, pues siempre estaba soñoliento. Cuando
deseaba su presencia no tenía más que gritar: a «¡Szan‐
tchez!», ya que le era imposible pronunciar el nombre
de Liu. La lengua pegada al mesenterio y el paladar
casi hendido no le permitían pronunciar tan difícil
combinación de sonidos puros; eso tendría que esperar
hasta que alcanzara el estado adulto.
Pero llegó un momento en que dejó de llamar a gritos
a sus cuidadores y permaneció sentado en cuclillas,
preso de apatía junto al estanque que había en el centro
de la diminuta selva. Cuando en la última noche de su
existencia lagarteril apoyó una vez más su
protuberante cráneo en el hoyo cubierto de musgo
envuelto en densa penumbra, notaba en su sangre que
llegada la mañana, cuando despertara en este su
destino como criatura pensante, tendría la edad que
pesa sobre todos los que no han conocido la infancia,
ni siquiera un instante. Mañana sería una criatura
pensante, pero ya ahora le abrumaba el tedio de su
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