Page 198 - Un caso de conciencia -James Blish
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terminarán cuando éste vuelva a estabilizarse.


               - Maldita sea! ‐ vociferó Mike ‐. ¿De dónde ha sacado

             eso? ¡Cállate ya! ¡No creas que vas a tomarme el pelo!


               Egtverchi cerró los ojos y

               guardó silencio. De

               repente, Michelis gritó:


               - ¡Habla ya, maldición!

               Sin abrir los ojos, Egtverchi entonó:


               -  En consecuencia, si se dañan algunas de sus partes

             el  sistema  puede  realizar  funciones  de  sustitución. ‐


             Volvió a quedarse callado. El litino se había dormido,

             cosa  que  le  ocurría  con  frecuencia  incluso  en  la

             presente fase.


               - Huida ‐ explicó Ruiz‐Sánchez en voz baja ‐. Creyó

                 que le estabas amenazando.

               - Mike ‐ dijo Liu con vehemencia fruto de la aflicción


             que  la  invadía ‐.  ¿Sabes  lo  que  le  pides?  No  va  a

             contestarte; no puede, y más si le hablas de este modo.


             Es sólo un niño, por más que pienses otra cosa cuando

             le miras. Es evidente que muchas de estas nociones las

             aprende  de  memoria.  En  ocasiones  las  dice  en  el


             momento oportuno, pero si le interrogamos se queda

             atascado. ¿Por qué no le das una oportunidad? El no

             pidió  que  le  hicieras  comparecer  ante  un  comité  de


             naturalización.

               - ¿Y  por  qué  no  me  la  das  tú  a  mí? ‐  se  revolvió



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