Page 239 - Un caso de conciencia -James Blish
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un siglo.


               Todas estas reflexiones venían a cuento en razón de

             ciertas inquietantes constataciones que Michelis había


             realizado  en  el  ámbito  de  la  economía  subterrestre,

             después de su larga estancia en Litina. Nacido en aquel

             contexto,  el  químico  jamás  había  cuestionado  la


             bondad de la economía cavernícola, o por lo menos así

             parecía  desprenderse  de  sus  recuerdos  de  infancia.

             Quizás ésta fue realmente distinta, menos lóbrega que


             la del presente; o quizá sólo se tratara de una ilusión

             alimentada por el silente censor de su mente. En todo

             caso  se  le  antojaba  que  antaño  la  gente  aceptaba  de


             buen grado la vida en las innúmeras madrigueras de

             hormigón y  corredores subterráneos, considerándolos


             como un medio de garantizar la seguridad de su prole,

             confiando en que la próxima generación se sacudiría el

             miedo  y  alcanzaría  a  disfrutar  de  un  mundo  más


             confortable de un rayo de sol, de unas gotas de lluvia

             o de la caída de una hoja.


               Desde  entonces  se  habían  atemperado  en  gran

             manera  las  restricciones  que  impedían  la  vida  en  la

             superficie  (a  la  sazón  nadie  creía  seriamente  en  la


             posibilidad de una guerra nuclear, pues la carrera en la

             construcción de refugios atómicos había llevado a un

             evidente  callejón  sin  salida),  pero,  cosa  curiosa,  sin


             motivo aparente el clima psíquico se había degradado



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