Page 238 - Un caso de conciencia -James Blish
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dominar sus emociones. Probablemente un ser como


             Egtverchi podía bucear en este vasto y bullente poso

             de furia contenida con más eficacia y mayor facilidad


             que  un  analista  humano,  por  grande  que  fuera  su

             talento y percepción.

               Por  otra  parte  faltaba  averiguar  con  qué  método


             había que abordar la cuestión si se pretendía alcanzar

             resultados positivos. Bucear en la mente de un adulto

             a  través  de  un  análisis  introspectivo  podía  dar


             resultado con sujetos neuróticos, pero hasta entonces

             no  había  demostrado  efectividad  alguna  en  la

             terapéutica  de  las  psicosis,  que  era  preciso  combatir


             por  vía  farmacológica,  regulando  la  acción  de  la

             serotonina en el metabolismo con ataráxicos, es decir,


             derivados  químicos  muy  perfeccionados  de  los

             rudimentarios fluidos que desprendían las humaredas

             dispuestas  por  la  condesa.  Era  una  cura  que  surtía


             efecto, pero que no alcanzaba una plenitud de efectos.

             Consistía, todo lo más, en una medicación de sostén,


             como  el  suministrar  insulina  o  sulfonilureas  a  un

             diabético. La lesión orgánica ya no tenia remedio. Una

             vez  en  funcionamiento  los  circuitos  básicos  que


             formaban el grande y complejo inducido del cerebro,

             era posible una desconexión, pero no su extirpación, a

             menos que se echara mano de la cirugía destructiva,


             una brutalidad que había dejado de practicarse hacia



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