Page 76 - Un caso de conciencia -James Blish
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playas. Protegidas de los predadores por los hombres,


             las mujeres se adentran en el agua hasta que pierden

             pie y allí alumbran a las crías.


               - ¿En el mar? ‐ preguntó Ruiz‐Sánchez con un hilo de

                 voz.

               -  Si, en el mar. Después todos regresan a sus casas y


             siguen con sus tareas habituales hasta la llegada del

             nuevo ciclo de apareamiento.

               - Y..., y ¿qué pasa con las crías?


               - Bueno,  ellas  cuidan  de  si  mismas.  Es  cierto  que

             muchas  hallan  la  muerte,  sobre  todo  por  causa  de

             nuestro voraz hermano, el gran pez ‐ lagarto, al que por


             tal motivo matamos siempre que podemos. Con todo,

             la  mayoría  salen  indemnes  y  llegado  el  momento


             vuelven a tierra firme.

               - ¿Dice que regresan? No lo entiendo, Chtexa. ¿Y

             cómo no perecen ahogados al nacer? Y si vuelven,


             ¿cómo es que nunca hemos visto a uno solo de ellos?

               - Claro que los han visto ‐ dijo Chtexa ‐, y también los


             han  oído  muchas  veces.  ¿Cómo  no  van  a...?  Ah,  ya

             caigo;  son  ustedes  mamíferos.  Eso  lo  explica  todo.

             Ustedes conservan a sus hijos en el nido; saben quiénes


             son y ellos conocen a sus padres.

               - Si. Sabemos cuáles son y ellos nos conocen ‐ asintió

                 Ruiz‐Sánchez.


               - Con nosotros no ocurre lo mismo ‐ dijo Chtexa ‐.



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