Page 77 - Un caso de conciencia -James Blish
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Sígame, por favor, y se lo mostraré.


               El litino se puso en pie y se dirigió hacia el vestíbulo.

             Ruiz‐Sánchez le siguió hecho un mar de confusiones.


               Chtexa  abrió  la  puerta.  Con  cierta  sorpresa  el

             sacerdote observó que la oscuridad de la noche se iba

             disipando.  Por  el  este,  el  cielo  cargado  de  nubes


             brillaba  con  pálidos  reflejos  nacarados.  La  selva  era

             todavía  una  rica  polifonía  de  zumbidos  de  y

             armoniosos  sonidos.  Se  oyó  un  agudo  y  siseante


             silbido y sombra de un pterodon se deslizó sobre la

             ciudad en dirección al mar. Una masa indistinta que

             sólo podía corresponder aI calamar volador de Litina


             quebró  la  superficie  de  las  aguas,  sobrevoló  a  baja

             altura  el  viscoso  mar  por  espacio  de  unos  cincuenta


             metros y volvió a zambullirse. Desde las tierras bajas

             llegó un aullido quejumbroso.

               - Allí ‐ dijo Chtexa con voz apagada ‐. ¿Lo ha oído?


               La desamparada criatura o lo que fuese, ya que

             resultaba imposible precisarlo con exactitud, emitió un


             nuevo y plañidero

               - Al principio resulta muy duro ‐ explicó Chtexa ‐,

             pero lo peor ya ha pasado. Están en tierra firme.


               - Chtexa, ¿sus crías son... son los peces pulmonados?

                 ‐ preguntó Ruiz‐Sánchez.

               - Si, ellos son nuestros hijos ‐ respondió el litino.







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