Page 229 - Limbo - Bernard Wolfe
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habitantes  del  poblado.  Transpiraba  autoridad,



            del mismo modo que los demás exudaban dudas,


            Martine  empezó  a  quedarse  dormido.  Aquel


            hombre, reflexionó, medio adormilado, era para


            los  habitantes  de  la  Franja  Interior  una  figura


            mágico‐mística,  un  sueño  colectivo  caminando


            sobre piernas electrónicas. Allá donde aparecía, la


            gente  empezaba  a  hacerle  automáticamente



            reverencias,                     inclinaciones                      de            cabeza,


            genuflexiones, lo alababa, le prodigaba halagos,


            esperando  compulsivamente  recibir  de  él  a


            cambio una mirada de agradecimiento. Theo era


            un hechicero, atraía a la gente con el solo acto de


            su presencia, era un catalizador hipnótico ante el


            que la gente se quedaba sin voluntad, maleable.


            Un «Ello» para aplastar el «Yo» de la masa...



                  Un hombre al que había que vigilar. ¿Pero por


            qué  estaba  diciendo  tantas  estupideces  sin


            sentido?



                  En aquel punto de sus pensamientos Martine


            se  quedó  completamente  dormido.  Cuando


            emergió de nuevo de su sueño, se halló en mitad


            de un espacio azul, y ahora estaba mirando no al


            yate  de  entrenamiento  balanceándose  en  mitad


            del océano Indico, sino a... una jirafa.



                  Muy arriba en el cielo, en el azul troposférico,


                                                                                                      229
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