Page 232 - Limbo - Bernard Wolfe
P. 232

basura.



                  La  jirafa  se  relamió  maliciosamente,  luego


            estiró todavía más su cuello y siguió mordiendo y


            masticando.



                  La  niebla  empezó  a  aclararse  allá  al  fondo.


            Mirando hacía abajo, Martine descubrió figuritas


            pequeñas afanándose en torno a las patas de la


            jirafa...  hombres  con  lanzallamas  y  rechinantes


            sierras circulares en vez de brazos. Al frente de


            todos ellos iba Theo, más autoritario que nunca.



            La  mayoría  de  los  hombres  estaban  colocando


            escalerillas  de  mano  para  trepar  hasta  las


            huesudas  rodillas  de  la  jirafa.  Theo  empezó  a


            subir por una de las escalerillas, el globo que era


            su  cabeza  alzado,  su  respiración  de  niño


            haciéndose  más  intensa  a  cada  peldaño.  Sus


            manos crecieron hasta tener seis metros o más de



            largo  con  respecto  a  su  cuerpo,  ahora  eran


            escalpelos, eran tijeras, eran agujas hipodérmicas,


            eran  pinzas  de  langosta,  iguales  a  tenazas.  El


            estómago de Martine se contrajo cuando el rostro


            se hinchó y las manos‐zarpas castañetearon.


                  —El doctor Smuts, supongo —dijo Theo, con



            una  sonrisa  de  compromiso—.  Entienda,  no  se


            trata tan sólo de la apisonadora. Oh, no. La bestia


            tiene  demasiadas  verticalidades,  eso  es  todo.


                                                                                                      232
   227   228   229   230   231   232   233   234   235   236   237