Page 341 - Limbo - Bernard Wolfe
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Quizá...



                  Quizá hubiera un asomo de harakiri psíquico


            en  cada  comunidad  humana.  Porque  cada


            comunidad  promulgaba  su  propia  misión


            sagrada,  la  dedicación  era  el  objetivo  de  todo



            grupo,  su  alucinante  psique...  y  cada  misión


            comunal tenía en su fin algo absurdo. ¿Por qué?


            Bien,  simplemente  porque  exigía  de  todos  los


            hombres  que  se  mantenían  bajo  su  palio  que


            ordenasen  sus  economías  psíquicas  para


            adecuarlas a la meta del grupo, que verticalizaran


            sus  instintos  horizontales:  este  era  uno  de  los


            significados  del  principio  de  la  realidad


            sobreimponiéndose sobre el principio del placer.



            Pero  la  realidad  creada  y  vivificada  por  la


            comunidad,  aunque  sin  lugar  a  dudas  pagaba


            algunos dividendos emocionales a aquellos que la


            arrastraban,  nunca  resultaba  un  sustituto


            realmente adecuado a los placeres y a los sentidos


            más simples sacrificados en su altar: la paz, por


            ejemplo, era un don vacío cuando se compraba al



            precio del orgasmo, o de los miembros. Incluso en


            los  ciudadanos  más  socializados,  incluso  en  el


            más obediente de todos ellos, había un acuciarte


            resto  de  descontento.  En  particular  desde  que,


            cuando  miraba  a  su  alrededor,  veía  a  otros



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