Page 374 - Limbo - Bernard Wolfe
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—¿Realmente  cree  usted  que  los  intocables



            sobre la vía del ferrocarril pensaban únicamente


            en tenderse para vencer a la locomotora?


                  —Absolutamente.  No  hay  ninguna  ley  que


            diga  que  el  domador  de  leones  se  encuentra



            perfectamente  seguro  en  la  jaula,  hasta  que  se


            traiciona dejando asomar una sombra de miedo


            animal.


                  —Quizá sea así; hay un antiguo chiste sobre


            tales leyes: Usted la conoce y yo también, pero ¿la


            conoce el león?



                  —Creo que el león también la conoce. Por eso


            jamás muerde a un hombre a menos que vea que


            tiene miedo.



                  —Parece  que  sabe  usted  de  leones  no


            aristotélicos  más  que  yo  —dijo  Martine—.  En


            Africa,  los  leones  se  merendarían  a  cualquier


            hombre  que  se  colocara  a  distancia  de  salto,


            carisma incluido. De todos modos, ¿no es cierto,


            como pretenden los Pro, que este desapego que


            usted  preconiza  es  la  negación  misma  de  lo



            oceánico?  ¿Cómo  puede  mantenerse  usted  en


            contacto con todo pasando sus días acostado aquí,


            mirándose el ombligo?


                  —No desdeñe el ombligo —dijo el amp—. Es



            la abertura a lo infinito, es la puerta que conduce

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