Page 375 - Limbo - Bernard Wolfe
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a todas partes.
—Mi puerta está un poco obstruida, con toda
la suciedad y las hebras que se acumulan de mi
ropa interior.
El amp pareció ignorar su observación.
—El hombre que trasciende de su cuerpo no se
limita a retirarse a sus profundidades aisladas.
Cuando la mirada se vuelve hacia el interior, el
espíritu salta de pronto a la existencia más
profunda del mundo, hasta el corazón de toda la
materia universal. Uno es «Ello». Cuando la
propia piel de un hombre es su horizonte, no toca
nada excepto a sí mismo, en un eterno y
exasperante acariciarse. Los cuerpos son el
obstáculo fundamental que impide la fusión de
los seres humanos entre sí y con el mundo.
¿Conoce usted por casualidad el texto de
Nietzsche titulado El origen de la tragedia?
—Vagamente. —Poco antes de la Tercera,
Martine recordaba haber comprado por
casualidad un ejemplar de segunda mano en una
librería de Greenwich Village.
—Una obra notable. En ella, recordará usted,
Nietzsche distingue dos motivaciones en el
espíritu griego: la plástica, que glorifica la
diferencia humana en la escultura y cuya forma
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