Page 461 - Limbo - Bernard Wolfe
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me arranca mi pierna izquierda, pensaré
inmediatamente que he sido tremendamente mal
tratado. Sí se me hubiera dado siquiera el más
pequeño asomo de una elección, en aquel mismo
momento me hubiera sentido mucho mejor.
Yo: Es innegable. Si tienes que efectuar el
ofrecimiento de algún sacrificio a la apisonadora,
se necesitará mucho valor para decir además cuál
va a ser ese sacrificio... un brazo, una pierna, una
oreja, la nariz, un testículo, cualquier otra cosa.
Como acostumbraban a decir los existencialistas,
en una situación determinada siempre hay que
retener un leve atisbo de libertad... Pero demos un
paso más hacia adelante. ¿No puede ampliarse la
cantidad de elección?
CARADENIÑO: Entiendo a dónde quiere
llegar. Veamos, realmente es una idea. Quizá
pueda usted descubrir un nuevo camino para
luchar contra la guerra en el cual no hubiera
víctima en absoluto, ninguna apisonadora. En el
cual todas las bajas sufrieran voluntariamente sus
heridas.
Yo: ¡Eso es! Simplemente poner en escena el
libre albedrío individual. Dar al «Yo» algo de
estatura para que pueda medirse de nuevo con el
«Ello».
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