Page 505 - Limbo - Bernard Wolfe
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—Tienes miedo —dijo Neen— por la misma
razón que un orangután tiene miedo de dejar de
masturbarse y escribir un soneto.
—Quizá no sea miedo —dijo Martine—. Quizá
sea sentido común. Quizá sepa que, una vez has
inventado el soneto, probablemente tengas que
seguir adelante e inventar la bomba de hidrógeno
y la policía y EMSIAC y la dementia praecox. —
Y, al final, el Immob.
—Sí; y al final, muy probablemente, el Immob.
Su reluctancia literaria puede que esté basada en
eso también. Quizá sea por eso que ni siquiera se
atreve a llevar un cuaderno de notas.
Martine hizo una seña al camarero, un joven
negro de rostro agradable con una almidonada
chaqueta blanca, y pagó la cuenta. Mientras
salían, Neen se detuvo y señaló a la pista de baile.
—Mira a los orangutanes —dijo—. De ellos no
van a surgir muchos acoplamientos. No tienen
tiempo... están demasiado atareados
masturbándose.
—¿Es eso divertido? —dijo Martíne—. ¿Con
dedos de plástico?
Un negro alto, con un uniforme adornado con
brocados, les abrió la puerta, sonriendo, y
salieron a la calle. Ahora era oscuro ya, el dirigible
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